Línea del tiempo de la psicología criminal
- 1882: Cesare Lombroso y "El hombre delincuente"
- 1901: Sigmund Freud y "La interpretación de los sueños"
- 1916: William Marston y el polígrafo
- 1921: William Sheldon y los tres somatotipos
- 1939: Hans Eysenck y la personalidad biológica
- 1951: Albert Bandura y el aprendizaje social
- 1960: Edwin Sutherland y la asociación diferencial
- 1974: Martin Seligman y la indefensión aprendida
- 1980: Robert Hare y la escala de psicopatía
- 1990: Rolf Loeber, David Farrington y la delincuencia desviada
- 2003: James Fallon y la genética de la psicopatía
- 2010: Avances en neurociencia y psicología criminal
- 2021: Continuo progreso en la investigación de la psicología criminal
1882: Cesare Lombroso y "El hombre delincuente"
En 1882, Cesare Lombroso, un médico y criminólogo italiano, publica su influyente libro "El hombre delincuente". En este libro, Lombroso propone que la criminalidad está determinada por características físicas y genéticas. Según él, ciertas anomalías físicas, como la forma de la cabeza o la presencia de ciertos rasgos faciales, pueden ser indicadores de predisposición al delito. Esta teoría, conocida como "la teoría del delincuente nato", tuvo un gran impacto en la criminología de la época y sentó las bases para futuras investigaciones sobre la psicología criminal.
1901: Sigmund Freud y "La interpretación de los sueños"
En 1901, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, publica su obra maestra "La interpretación de los sueños". En este libro, Freud introduce el concepto del inconsciente y su influencia en el comportamiento humano, incluyendo el comportamiento criminal. Según Freud, los sueños son una manifestación del inconsciente y pueden revelar aspectos ocultos de la personalidad y los deseos reprimidos. Esta idea abrió la puerta a un nuevo enfoque en la comprensión de la psicología criminal, centrándose en elementos psicológicos más profundos y no solo en características físicas o genéticas.
1916: William Marston y el polígrafo
En 1916, William Marston, psicólogo y abogado estadounidense, desarrolla el primer prototipo del polígrafo, también conocido como el "detector de mentiras". Este dispositivo se basa en la idea de que los cambios fisiológicos, como el ritmo cardíaco, la presión arterial y la actividad eléctrica de la piel, pueden revelar si una persona está diciendo la verdad o mintiendo. El polígrafo se convirtió en una herramienta ampliamente utilizada en la investigación criminal, aunque su fiabilidad y precisión han sido objeto de debate.
1921: William Sheldon y los tres somatotipos
En 1921, el psicólogo estadounidense William Sheldon propone su teoría de los tres somatotipos. Según Sheldon, la estructura física de una persona puede determinar su comportamiento delictivo. Él divide los somatotipos en tres categorías: ectomorfia (delgadez y fragilidad), mesomorfia (musculosidad y agresividad) y endomorfia (robustez y sociabilidad). Sheldon argumenta que las personas con una constitución física mesomórfica tienen una mayor predisposición a comportamientos agresivos y delictivos. Aunque esta teoría ha sido ampliamente criticada, tuvo un impacto significativo en la criminología de la época y contribuyó al estudio de la relación entre la apariencia física y el comportamiento criminal.
1939: Hans Eysenck y la personalidad biológica
En 1939, el psicólogo británico Hans Eysenck sugiere que la personalidad tiene una base biológica y que ciertos rasgos de personalidad como el neuroticismo y el extraversionismo pueden estar relacionados con la delincuencia. Eysenck argumenta que las personas con altos niveles de neuroticismo, que se caracterizan por una mayor inestabilidad emocional, tienen una mayor probabilidad de involucrarse en comportamientos delictivos. Además, las personas extravertidas, que buscan estimulación externa y son más propensas a correr riesgos, también pueden tener una propensión mayor a la delincuencia. Esta teoría proporcionó una nueva perspectiva sobre la relación entre la personalidad y el comportamiento criminal.
En 1951, el psicólogo canadiense Albert Bandura desarrolla su teoría del aprendizaje social. En su teoría, Bandura argumenta que el comportamiento criminal puede ser aprendido a través de la observación e imitación de modelos agresivos. Según Bandura, las personas adquieren nuevas conductas al observar las consecuencias de las conductas de otros y al percibir que estas conductas son recompensadas o castigadas. Esta teoría enfatiza el papel de la sociedad y el entorno en la adquisición de comportamientos delictivos y destaca la importancia de los procesos de aprendizaje en el desarrollo de la criminalidad.
1960: Edwin Sutherland y la asociación diferencial
En 1960, el sociólogo estadounidense Edwin Sutherland introduce la teoría de la asociación diferencial. Según Sutherland, la delincuencia es el resultado de la exposición a actitudes criminales y de la falta de exposición a actitudes no criminales. En otras palabras, las personas aprenden a ser delincuentes a través de la interacción con otras personas que tienen actitudes y comportamientos criminales. Sutherland enfatiza la importancia de los grupos de referencia en la adopción de conductas desviadas y argumenta que el aprendizaje de la delincuencia es un proceso continuo que se lleva a cabo a lo largo de la vida.
1974: Martin Seligman y la indefensión aprendida
En 1974, el psicólogo estadounidense Martin Seligman propone la teoría del indefensión aprendida. Según Seligman, la falta de control sobre el entorno puede llevar a comportamientos criminales. Seligman realizó experimentos en los que expuso a animales a situaciones en las que no podían escapar ni evitar el dolor o la incomodidad. Descubrió que estos animales desarrollaban un estado de indefensión aprendida, en el cual dejaban de intentar escapar incluso cuando se les presentaba la oportunidad. Seligman sostiene que esta teoría puede aplicarse a los seres humanos y que la falta de control sobre la propia situación puede conducir a sentimientos de impotencia y, en última instancia, a comportamientos delictivos.
1980: Robert Hare y la escala de psicopatía
En 1980, el psicólogo canadiense Robert Hare desarrolla la escala de psicopatía de Hare, también conocida como la Lista de Verificación de Hare. Esta herramienta se utiliza para evaluar el grado de psicopatía de un individuo y su riesgo de cometer actos violentos. La escala de psicopatía de Hare se basa en una serie de características y comportamientos asociados con la psicopatía, como la falta de empatía, la manipulación y la irresponsabilidad. Esta herramienta ha sido ampliamente utilizada en el campo de la psicología criminal y ha contribuido a nuestra comprensión de la psicopatía y su relación con el comportamiento delictivo.
1990: Rolf Loeber, David Farrington y la delincuencia desviada
En 1990, los criminólogos Rolf Loeber y David Farrington presentan la teoría de la delincuencia desviada. Según esta teoría, ciertos factores como la pobreza, el maltrato infantil y la falta de supervisión parental pueden llevar a comportamientos delictivos. Loeber y Farrington sostienen que estos factores, conocidos como factores de riesgo, aumentan la probabilidad de que los individuos se involucren en comportamientos desviados. Además, argumentan que la acumulación de varios factores de riesgo puede tener un efecto acumulativo y aumentar aún más el riesgo de comportamiento delictivo. Esta teoría destaca la importancia del entorno social y las circunstancias individuales en la determinación de la delincuencia.
2003: James Fallon y la genética de la psicopatía
En 2003, el neurocientífico James Fallon realiza un estudio sobre la genética de la psicopatía. En este estudio, Fallon descubre que él mismo posee los genes asociados con la psicopatía, pero no presenta comportamientos delictivos debido a su crianza y ambiente positivo. Este estudio pone de relieve la interacción entre la genética y el entorno en la determinación del comportamiento criminal. Fallon sugiere que, si bien los genes pueden ser un factor de riesgo para la psicopatía, factores ambientales como la crianza y el entorno pueden influir en si se desarrollan comportamientos delictivos.
2010: Avances en neurociencia y psicología criminal
A partir de 2010, los avances en tecnología e investigación han permitido un mayor estudio de la relación entre el cerebro y el comportamiento criminal. Neurocientíficos como Adrian Raine han utilizado técnicas de imagen cerebral, como la resonancia magnética funcional, para examinar las diferencias en la estructura y función cerebral de personas criminales y no criminales. Estas investigaciones han revelado que ciertas áreas del cerebro, como la amígdala y la corteza prefrontal, están asociadas con la conducta violenta y la falta de empatía. Estos avances en la neurociencia están brindando una mayor comprensión de las bases biológicas de la conducta criminal y pueden tener implicaciones importantes para la prevención e intervención en la delincuencia.
2021: Continuo progreso en la investigación de la psicología criminal
A lo largo de los años, la psicología criminal ha seguido avanzando y expandiéndose, brindando una comprensión cada vez mayor de las causas y los factores que influyen en la delincuencia. La investigación continúa explorando nuevas áreas, como la genética, la neurociencia y la influencia del entorno social en el comportamiento delictivo. Estos avances son fundamentales para el desarrollo de estrategias preventivas y de intervención efectivas para abordar el problema de la delincuencia. A medida que avanza la tecnología y la investigación, podemos esperar una mayor comprensión de la psicología criminal y un mayor impacto en la prevención y el tratamiento de la delincuencia.
A lo largo de la historia, la psicología criminal ha experimentado importantes avances y descubrimientos que han contribuido a nuestra comprensión de las causas y los factores que influyen en el comportamiento delictivo. Desde las teorías sobre la predisposición genética y las características físicas, hasta el papel del entorno social y los procesos de aprendizaje, la psicología criminal ha proporcionado ideas valiosas sobre cómo prevenir y abordar la delincuencia.
Como sociedad, es importante considerar la psicología criminal en el diseño de políticas y programas para abordar la delincuencia. La investigación continua en este campo nos brinda la oportunidad de desarrollar estrategias más efectivas para prevenir la delincuencia y rehabilitar a aquellos que han cometido actos criminales.
Si te interesa profundizar aún más en este fascinante campo de estudio, te animo a explorar la literatura científica y las diferentes teorías que han surgido a lo largo de los años. ¡Juntos podemos contribuir a un mundo más seguro y equitativo!
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